El día del robot

Los robots, que habitan nuestros sueños y pesadillas sobre el futuro, llegaron a la Tierra hace exactamente 90 años. Ocurrió el 25 de enero de 1921 en un teatro de Praga. En el comienzo, fue esa palabra.

El dramaturgo Karel Capek uso por primera vez la palabra “robot” para describir a “personas artificiales”. Su obra, con una mirada futurista, abordaba un tema de la época, el del trabajo en una Europa que se había visto convulsionada por la revolución industrial y la aparición de las fábricas.

Robot viene del checo ‘robota’, por trabajo forzoso, y la obra fue llamada RUR, por Robots Universales Rossom. Cada uno de estos seres artificales hacía el trabajo de dos y media personas, y así los humanos podían dedicarse a perfeccionarse, es decir a no hacer nada. La revista Wired recuerda hoy que aunque no tienen pasión, ni historia, ni alma, los robots son más listos y más fuertes.

Al final se rebelan y matan a los humanos en la fábrica, salvo a uno que trabaja tanto como ellos.

Esos robots no eran máquinas de metal, se parecían más al concepto que tenemos de androide. Estaban emparentados con figuras mitológicas como el Golem judío y, quien sabe, con Frankenstein. Y desde luego las temibles máquinas reaparecen unos pocos años después en “Metrópolis”, donde el científico desquiciado Rotwang crea una “parodia”, una “máquina-humano” que suplanta a una mujer llamada María. En el desenlace esta máquina muere quemada atada a una estaca.

Desde entonces hasta la saga de “Terminator”, que pone sobre la mesa una humanidad dominada y exterminada por las máquinas, los robots de la ficción han mutado y han evolucionado junto con nuestra imaginación y con el avance de la tecnología. Muchas veces esos robots imaginados son triviales, no cumplen con el requisito de vender una historia coherente, pero en otras oportunidades producen escalofríos.

La idea de los robots superpoderosos desde entonces ha sido perturbadora.

Y ahora, vemos como cada día nos acercamos más a la realidad de convivir con robots.

En el año 2000 la revista Wired publicó un artículo llamado “Por qué el futuro no nos necesita”, escrito por un conocido desarrollador tecnológico, Bill Joy, quien lanzó una alerta sobre el avance irresponsable de ciertas tecnologías potencialmente peligrosas, incluyendo la robótica, la genética y la nanotecnología (¡y sus nanorobots!).

Joy destacó que los robots y los nanorobots (tan pequeños que sólo podrían verse con microscopios) comparten una cualidad preocupante: pueden replicarse y quedar fuera de control. Quienquiera que se acerque a leer los trabajos de pensadores del futuro como Ray Kurzweil o Hans Moravec descubrirá que hay gente mirando mucho más allá de nuestros ojos, hacia fusiones humano-máquina, inteligencias artificiales, y un mercado que permitirá el desarrollo explosivo de robots.

La reflexión de Joy fue considerada por muchos como ludismo, término que hace referencia al movimiento liderado por Ned Ludd en contra de las maquinarias allá por el siglo XIX. Les preocupaban cosas como los telares.

En el futuro seguramente estaremos expuestos con más frecuencia a la necesidad de decidir si pensamos como luditas.

Isaac Asimov ha sido probablemente el más famoso de quienes han tanteado el futuro de la robótica en la ciencia ficción. Una de sus famosas obras es “Yo, robot”, relatos donde juega con la posibilidad de robots inteligentes o incluso con dilemas morales. El personaje principal es una especialista en robotpsicología.

Fue de sus trabajos de donde salieron las tres leyes de la robótica:
1.Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2.Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
3.Un robot debe proteger su propia existencia mientras dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Ahora que el futuro está desencadenado hay quienes dudan que esas leyes sean algo más que una figura literaria.

Pero la verdad es que esa duda ya estaba sembrada ese 25 de enero de 1921 en el teatro de Praga, cuando los robots imaginados por Capek mataron a los humanos.

Luis Córdova / La foto proviene de Wikipedia

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