Los robots, que habitan sueños y pesadillas sobre el futuro, fueron mencionados por primera vez hace más de 100 años. Ocurrió el 25 de enero de 1921 en un teatro de Praga.
El escritor Karel Capek uso por primera vez la palabra “robot” para describir a “personas artificiales”. Su obra abordaba con una mirada futurista un tema muy relevante en esa época, el del trabajo y los conflictos laborales en una Europa que llevaba tiempo convulsionada por la revolución industrial y la proliferación de fábricas en proceso de automatización.

Robot vino del checo ‘robota’, por trabajo forzoso o servidumbre, y la obra fue llamada RUR, por Robots Universales Rossom, la empresa que construía personas artificiales. Cada uno de estos robots hacía el trabajo de dos y media personas. Sin obligación laboral, los humanos podían dedicar la vida a perfeccionarse, es decir a no hacer nada.
Aunque no tenían historia ni alma, los robots eran más listos y más fuertes. Al final de la obra una pareja de robots desarrollaba emociones, se rebelaban y mataban a los humanos.
Los seres artificiales reaparecieron en 1927 en la célebre película “Metrópolis”, donde el científico desquiciado Rotwang crea a “parodia”, una “máquina-humano” que suplanta a una mujer llamada María. En el desenlace la máquina muere quemada atada a una estaca.

Desde entonces los robots de la ficción han mutado y han evolucionado junto con nuestra imaginación y con el avance de la tecnología. Han aparecido en novelas, películas y series de TV, algunos en tono humorístico, otros como una admonición. A veces esos robots imaginados son poco creíbles, pero en otras oportunidades producen escalofríos, como el perrito asesino de la serie “Black Mirror”, igualito a prototipos que ya están a la venta.
En 1939 la empresa Westinghouse presento uno de los primeros robot humanoides para la Feria Mundial de Nueva York, llamado Elektro. Medía unos dos metros y pesaba 120 kilos. Además, podía fumar (el video está en internet). Este prototipo no pasó a mayores. Pero mucho tiempo, y muy vertiginoso, es el que ha pasado desde entonces.

Cada día cada día nos acostumbramos más a la realidad de convivir con robots que ya no son de ficción, sino muy reales. Ya hace muchos años los robots articulados y otras maquinarias relacionadas con la automatización son de uso cotidiano en procesos industriales. Otros son usados ahora con frecuencia en la medicina para realizar cirugías. Ni que decir de los robots rastreros que ya limpian las casas. Y hay muchos oros ejemplos…
Pero además son frecuentes las noticias de nuevos prototipos en especial los de forma humanoide. Es una revolución que se viene. Y muchos se preguntan qué pasará dado que en estos tiempos confluyen en las noticias sobre tecnología la inteligencia artificial y los robots (y muchos hemos visto la película “Terminator”).
La idea de los robots superpoderosos siempre ha sido perturbadora.
En el año 2000 la revista Wired publicó un artículo llamado “Por qué el futuro no nos necesita” escrito por un conocido tecnopensador, Bill Joy, quien lanzó alertas sobre el avance irresponsable de tecnologías potencialmente peligrosas que podrían colocar a la especie humana en peligro de extinción: la robótica, la genética y la nanotecnología (¡y sus nanorobots!).
Joy destacó que los robots y los nanorobots (tan pequeños que sólo podrían verse con microscopios) compartirían en el futuro una cualidad preocupante: pueden replicarse y quedar fuera de control.
Quienquiera que se acerque a leer trabajos de pensadores del futuro descubrirá que hay gente mirando mucho más allá de nuestros ojos cotidianos hacia fusiones humano-máquina, IA, y un mercado que permitirá el desarrollo explosivo de robots. Ni que decir de robots para uso militar.
La reflexión de Joy fue considerada por muchos como “ludita”, término que hace referencia al movimiento liderado por Ted Ludd en contra de las maquinarias allá por el siglo XIX. Les preocupaban avances como los telares que estaban dejando a personas sin trabajo. En el futuro seguramente estaremos expuestos con más frecuencia a la necesidad de decidir si aceptamos que el destino nos alcanza o tenemos pensamientos “luditas”.
Isaac Asimov ha sido probablemente el más famoso escritor de ciencia ficción sobre el futuro de la robótica. Una de sus famosas obras es “Yo, robot”, relatos donde juega con la posibilidad de robots inteligentes o incluso con dilemas morales. El personaje principal es una especialista en robotpsicología.
Fue de sus trabajos de donde salieron las tres leyes de la robótica:
1> Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2> Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
3> Un robot debe proteger su propia existencia mientras dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
(Buscando en internet apareció lo siguiente: El Día Mundial de la Robótica se celebra el 7 de febrero. Esta fecha no oficial es ampliamente reconocida en el ecosistema tecnológico para destacar el impacto de la robótica, y se asocia con el aniversario de la formulación de las «Tres leyes de la robótica» por el escritor Isaac Asimov).
Ahora que el futuro está desencadenado hay quienes creen que esas leyes fueron una figura literaria. Tampoco estaban en escena las inteligencias artificiales.
La gran duda, que es el mismo tiempo un gran desafío, será encontrar la manera de convivir con el desarrollo tecnológico sin que se cumplan predicciones catastróficas. Ha pasado antes, pero los agoreros nos dicen que el escenario actual es complejo. También es cierto que lo estuvimos esperando durante años… ya sabíamos lo que venía.
La duda ya estaba sembrada ese 25 de enero de 1921 en el teatro de Praga, cuando los robots fueron mencionados por primera vez por Karol Capek.
Texto: Luis Córdova
Las fotos provienen de Wikipedia / Wikimedia donde están marcadas como de dominio púbico

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