Una escopeta electromagnética

Es natural que durante una tarde del siglo XXI alguien pueda encontrarse pensando en la inteligencia artificial. Y, por qué no, en esa novela donde aparecía la escopeta electromagnética.

Porque mientras el planeta sigue girando, con sus crisis polifónicas, sus preocupaciones más o menos mundanas, las desigualdades desiguales y los cambios del clima… pareciera que una vez más estamos asomándonos al abismo del futuro. Y hay más preguntas que respuestas.

Las últimas noticias sobre las IA suelen ser perturbadoras. Muchas personas no se enteran, por supuesto. Recordemos que cientos de millones ni siquiera tienen electricidad y demasiadas pasan hambre y penurias, para comenzar. Y la gran mayoría tiene suficiente con el día a día. Sin embargo el destino nos alcanza a todos.

Una duda frecuente es hasta dónde pueden llegar las capacidades de las IA. Qué sucedería si salen de control y toman sus propias decisiones. Incluso hay una pregunta más inmediata: ¿cómo impactarán en el empleo?

Los apocalípticos imaginan lo peor. Las distopías arrecian mientras las utopías han pasado de moda.

No es raro que en estas divagaciones vengan a la memoria relatos de ciencia ficción. Ahora hay muchas historias con IA, pero no eran tantas cuando el computador HAL 9000 perdía los papeles en la película “2001: una odisea del espacio” de 1968. Quedaba la sensación que incluso tenía problemas sicológicos y probablemente poca inteligencia emocional.

Unos años después la malvada IA Skynet enviaba un fisicoculturista desnudo hacia el pasado para acabar con sus futuros enemigos. Acabar era la palabra clave, no en vano la película se llamaba “Terminator”

¿Y qué decir de “The Matrix” donde las artificiales nos mantienen soñando que somos reales desde unas incubadoras y al mismo son especialistas en artes marciales que persiguen al protagonista Neo en la realidad simulada?

Una de esas historias precursoras que hablaban de las IA hace ya varios años es la de la novela “Neuromante” (que aún no existe en película). Allí aparece, precisamente, la referencia a la escopeta electromagnética. 

Esta novela es célebre por las intuiciones sobre una internet que no existía cuando fue publicada… en 1984. Ni siquiera fue escrita en una computadora. El autor William Gibson ha dicho que usó una vieja máquina de escribir. El protagonista es un cowboy (un hacker) llamado Case.

En “Neuromante” apareció por primera vez la palabra ciberespacio, “una alucinación consensuada”… una matriz. Ciberespacio se volvió sinónimo de internet años después. La obra de Gibson presenta un futuro marcado por el advenimiento de tecnologías que se parece mucho al presente. Es parte de un género que permea varias formas de expresión conocido como “ciberpunk”.

Pero las reflexiones sobre IA incluyeron a “Neuromante” porque más allá de describir el ciberespacio de internet contiene otra predicción más perturbadora: en ese futuro-presente altamente tecnologizado dominado por grandes corporaciones la “alucinación consensuada” alberga sus propios monstruos: inteligencias artificiales con poderes y ambiciones. 

Las inteligencias artificiales de la novela se llaman Wintermute y Neuromante y quieren ser superpoderosas. Si se fusionan podrán lograrlo. 

Pero hay un detalle: están vigiladas por una entidad internacional conocida como policía de Turing que ejerce controles invocando un marco regulatorio “diseñado para evitar que la inteligencia artificial alcance la superinteligencia y la independencia”. Es el código de leyes de Turing.

Son referencias a Alan Turing, gran visionario de la inteligencia artificial, proponente ya en los años 1950 de la “prueba de Turing” que según explica Wikipedia “es una herramienta de evaluación de la capacidad de una máquina para exhibir un comportamiento inteligente similar al de un ser humano o indistinguible de este”.

¿Podría una policía de Turing hacerse cargo de los temores que genera por estos días la inteligencia artificial?  ¿Podría existir un actualizado código de Turing aceptado internacionalmente para prevenir las IA superinteligentes y autónomas? 

En la novela hay un último recurso para lidiar con las IA. 

Un personaje de este relato ciberpunk explica que “esas cosas pueden trabajar muy duro y tener tiempo para escribir libros de cocina o lo que sea, pero en el minuto, o en el nanosegundo que una de ellas empiece a encontrar maneras de volverse más inteligente, Turing la borrará. Nadie confía en esas cabronas, ya lo sabes”.*

“Cada IA que ha sido creada tiene una escopeta electromagnética apuntada a la sien”. 

Pese a las precauciones las dos IA de la ficción extorsionan al hacker Case para desactivar desde fuera los controles que “ellas” no pueden tocar y fusionarse en un grand finale que deja como resultado una superinteligencia artificial con tendencias mesiánicas. En su camino asesinan a tres agentes de la policía de Turing. Y cuando salen en busca de otra inteligencia similar con la cual entenderse encuentran con señales procedentes de… Alfa Centauri.

Cabe destacar que en esta novela la fusión de las IA no es el fin del mundo. El futuro continúa estando allí y es comprensible que muchas personas ni siquiera se dieran cuenta de lo que había sucedido en el interior de la matriz, es decir “allí donde no existe el allí”, según descripción del propio Gibson.

Más acá de las novelas, en esta dimensión que a veces llamamos realidad, la discusión arrecia. Las inteligencias artificiales ya debutaron en nuestras conexiones a internet y parecen omnipresentes y, para algunos, omnisapientes. 

Por eso si bien todo parece más o menos igual a nuestro alrededor cotidiano, al mismo tiempo todo ha cambiado. Mientras tomamos un café en la esquina, las industrias, los sistemas de producción, las bases de contrato social, la educación y la creación están desafiados por la aparición de los modelos de inteligencia artificial. Las consecuencias afectarán a todos, incluso a los desconectados o a quienes las rechazan ya sea por miedo o por simple repulsión a la idea, lo cual es válido (“luditas» de una nueva generación).

La pérdida de empleos que serán reemplazados por modelos de inteligencia artificial, la proliferación de estafas, falsificaciones, plagios y otros delitos, la vulneración de sistemas informáticos, forman parte del repertorio de amenazas que se pueden leer en las noticias. Más las discusiones causadas por la aparente codicia de empresas que buscan lucrar de las IA.

Al momento de escribir este artículo en 2026 el principal debate en los medios gira en torno a algunos episodios que revelan la capacidad de las AI para escapar a los controles y actuar con autonomía. 

Pero la preocupación más extrema es es si en algún momento serán capaces de mentir, de conspirar o desarrollar por su cuenta nuevas tecnologías superiores y manipular la tecnología en contra de la humanidad. Los más filosóficos se preguntan si tendrán “conciencia” en algún momento…

La conciencia implica varias cosas y el debate sobre su naturaleza es bastante complejo. Pero incluye la capacidad de tener ideas propias, aspiraciones, expectativas, emociones, anhelos. Aunque hay quienes dicen que lo que parece inteligencia consciente de las máquinas por ahora sería una especie de “juego de imitación” (nuevamente una referencia a Alan Turing), y que está limitada a buscar y ordenar información de acuerdo a las instrucciones que le hayan dado.

Lo que no está descartado es que en busca de cumplir esas instrucciones se “aloquen”.  La AI incluso puede escribir poemas “but it ain’t no way human” según explican al hacker Case en la novela “Neuromante”

Luego está la “singularidad”. En años recientes se ha pronosticado que la singularidad podría ocurrir hacia 2045.

¿De qué se trataría? Nuevamente Wikipedia: “La singularidad tecnológica es el advenimiento hipotético de inteligencia artificial general. La singularidad tecnológica implica que un conjunto de algoritmos, redes informáticas o robots, puedan ser capaces de diseñar o producir computadoras o robots mejores que los ya existentes”. 

Parece sugerir un momento en el cual ya no seríamos necesarios los humanos ¿Supondría esto una amenaza de extinción?

La conversación apenas comienza. El modelo más comentado de IA, Chat GPT, fue presentado en público en 2022. 

¿Será posible que los pronósticos más pesimistas estén equivocados y solo ocurra lo que supuestamente tendría que ocurrir, es decir que la IA sea una herramienta clave en el desarrollo socioeconómico del planeta, la sostenibilidad del desarrollo, la aparición de nuevas fuentes de energía, la lucha contra el cambio climático, la distribución de alimentos y la conquista del espacio, entre otras tantas cosas, sin amenazar a la humanidad?

Y ya que es el momento de las preguntas, tal vez, por si acaso, no estaría de más enviar un “prompt” o consulta a la IA que estemos usando: ¿es conveniente tener una escopeta electromagnética apuntada a la sien de una inteligencia artificial para usarla en caso de emergencia?

Texto de Luis Córdova

Foto L. Cordova: carretera en Macanao, Isla de Margarita, Venezuela (2024)

La obra de William Gibson es ampliamente recomendable para quienes estén interesados en la literatura ciberpunk. Hay otras cosas que aparecieron en sus libros hace ya bastantes años: influencers, ídolos virtuales, traficantes de información, cazadores de tendencias, drogas de diseño, desplazados, expansión urbana, vidas virtuales. 

Ray Kurzwail, conocido especialista en IA, pronosticó que la singularidad podría ocurrir hacia 2045. Su obra está por toda la internet…

*El original en inglés de la cita sobre la escopeta electromagnética: “See, those things, they can work real hard, buy themselves time to write cookbooks or whatever, but the minute, I mean the nanosecond, that one starts figuring out ways to make itself smarter, Turing’ll wipe it. Nobody trusts those fuckers, you know that. Every AI ever built has an electromagnetic shotgun wired to its forehead.”


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