Sandokán ha regresado

El sobre esperaba confundido entre los papeles de oficina acumulados durante una ausencia. Antes de abrirlo sabía que iba a iniciar una aventura, que Sandokán había regresado. 

El envío contenía un libro aparecido en 2009, con una historia escrita por Emilio Salgari a fines de los 1890 y dibujada en formato de cómic o historieta por Hugo Pratt al terminar los 1960. Dos colosos de la literatura de aventuras.

«La notte del 20 diciembre 1849, un uragano violentissimo imperversa sopra Mompracem», comienza la primera viñeta de este libro de historietas, reproduciendo el inicio de la célebre novela “Los tigres de Mompracem”. Al fondo aparece dibujada por Pratt una isla sobre la cual revientan las olas con un promontorio en la cima del cual hay una cabaña azotada por el viento, dentro de la cual hay un hombre feroz. «E la tigre della Malesia, Sandokan”.

Sobre el lugar donde ocurre esto, Salgari había dicho que es una “isla salvaje de siniestra fama, refugio de terribles piratas”.

Los dibujos del Sandokán de Hugo Pratt, famoso autor de “Corto Maltese”, se habían perdido y fueron reencontrados en una caja llena de papeles viejos en París. En 2009 aparecieron publicados en librerías de Francia e Italia en la edición firmada por Pratt y Mino Milani. Tras mirar los primeros recuadros del cómic se abrió una ventana en mi memoria por la cual volé años atrás hacia una tarde calurosa, inmóvil. 

En ese entonces La Pintana, en las afueras de Santiago de Chile, era campo. Fue allí, a los 11 o 12 años cuando leí ese mismo comienzo. Y por primera vez en mi vida devoré un libro en un solo día. 

La historia de los Tigres de Mompracem, de su líder Sandokán, de su amigo portugués Yáñez de Gomara, de la bella Mariana, la perla de Labuán y de los piratas de Mompracem. Viajé sin moverme desde un pequeño cuarto que daba al patio, donde mi abuela cosía en invierno, o desde la enorme sombra de un sauce que parecía una catedral llorona en el patio de atrás.

Luego vinieron otras aventuras pues la saga de Sandokán es larga, y más novelas de Emilio Salgari localizadas en otros mundos. Y otros autores de aventuras. Luego hubo amigos de la adolescencia con quienes atesorábamos esos libros amarillos de la colección ‘Robin Hood’. 

Era parte de la formación literaria: sumergirse en esas historias salgarianas en latitudes que no tenían nada que ver con nosotros, con horribles venganzas, fugas a través de selvas descritas con excesivo detalles. Salgari nunca estuvo allí.

Fue un poco después que Hugo Pratt entró a la lista de autores favoritos a través de sus cómics. Había unas revistas argentinas, recuerdo a Tony y Dartagnan, pero también existían otras, que publicaban estas historias ilustradas cada semana. Para entonces andábamos en Buenos Aires y fue allí donde conocí al más famoso personaje de este dibujante y fabulador, el Corto Maltese. Pero esa es otra historia.

La noticia de que habían aparecido unos papeles perdidos con dibujos de Pratt sobre la aventura de Salgari, con guión de Mino Milani, comenzó a esparcirse por internet. De pronto, había una sinopsis del libro en Youtube, en la cual Sandokán aparece implacable. Y comenzaron a acechar los recuerdos de lecturas de antes, y también las preguntas: ¿qué pasó con todo este universo? ¿por qué las aventuras de los piratas de la Malasia han desaparecido del repertorio de las grandes aventuras de los jóvenes de hoy, después de haber estado allí durante generaciones?

Cierto que son preguntas con respuesta, porque el planeta gira, y unos héroes son reemplazados por otros. Libros que estremecieron almas juveniles (pienso en las historias de “Corazón”) no conmueven a jóvenes del mundo actual. Sus personajes parecen haberse quedado sin tiempo ni espacio. Las contradicciones existenciales o sentimentales del Tigre de la Malasia tal vez suenen ridículas ahora.

También los lectores de entonces crecimos y eventualmente Sandokán salió de la vida, junto con corsarios de todos los colores y prisioneros de Zenda, islas misteriosas y últimos mohicanos. 

Después los encuentros con esta literatura han sido un ejercicio de nostalgia. Como en Verona, la ciudad donde nació Salgari, donde realicé una búsqueda infructuosa de su tumba. O cuando compré por ahí un par de libros que tratan de demostrar cómo hay una parte de realidad en las historias de Sandokán, que la isla de Mompracem existe (en buscadores aparece como Kuraman), y que otros personajes también eran reales y vivieron en esos mares malayos, indonesios, índicos.

El verdadero misterio de la saga de Mompracem, sin embargo, es cómo un escritor en el norte de Italia, marino frustrado según sus biógrafos, logró crear esas aventuras en un mundo que no conoció.

Salgari aparece en las fotos como un hombre menudo, con un bigote desproporcionado, cuesta verlo sentando escribiendo todos esos libros, evocando recuerdos imaginarios. Es admirable lo que logró, mantener en vilo a generaciones y generaciones de jóvenes, principalmente en la Europa latina y en Latinoamérica. No creo que sus libros sean muy populares en Malasia. Y entre los lectores anglosajones pocos conocen su nombre.

Las obras de Salgari se publicaban en capítulos en periódicos y eran muy exitosas en su tiempo. En cambio, su vida fue penosa, llena de miserias. 

Esto he leído en una de sus biografías: una tarde de abril de 1911 una señora que buscaba leña en una colina de Turín sintió algo de movimiento en unos arbustos y cuando se acercó encontró a un hombre ensangrentado con una navaja en la mano y horrorosas heridas en el abdomen y la garganta, moribundo. Había tratado de hacerse un Sepukku, al estilo de los samurais japoneses.

Salgari, quien había alimentado la fantasía de tantos, se suicidó de una manera fantasiosa. Y dejó una famosa carta «a mis editores». Uno de los hombres más leídos de Italia enviaba esta misiva «A ustedes, que se han enriquecido con mi piel», y los acusaba de haberlo mantenido en la miseria junto con su familia. Sólo pidió en compensación «que cubran los gastos de mis funerales”.

El Sandokán dibujado por Pratt no está completo, pero como dice el prólogo de la edición de este cómic, «está fabricado con el mismo material con que se hacen los sueños”.

«Quale contrasto», reflexiona el pirata desde su guarida en la isla Mompracem. «Al di fuori l’uragano e qua io! Chi é il piú tremendo?”.

Parecía que fuera verdad. Que Sandokán había regresado.




Epílogo

Este artículo fue escrito hacia 2009 o 2010. Editado muchos años después…

La foto es una captura de el video de editorial Rizzoli.

El video-sinopsis oficial (Rizzoli-Lizard) en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=cz8QPxKaowc

Sitio sobre Hugo Pratt: http://www.cortomaltese.com/

Texto de Luis Córdova


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